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“La emigración me ha reconectado con la escritura”

En un barrio tranquilo de Berna, lejos de su Madrid natal pero fuertemente conectada con la historia de su familia en España, la escritora hispano-suiza Soraya Romero Hernández ha construido un universo literario caracterizado por la recuperación de la memoria, la emoción contenida y las heridas invisibles que dejan huellas muy evidentes. Autora de las novelas Las semillas del silencio y Demasiado ayer, que ha presentado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en la librería LibRomania de Berna, Romero Hernández destaca entre las voces emergentes españolas por explorar los recovecos de la memoria con una mezcla perfecta de delicadeza y crudeza. Conversamos con ella acerca de su proceso creativo y del papel que la escritura desempeña en su vida lejos de su país natal.

P: Soraya, tu obra se basa en documentos históricos familiares. ¿Cómo haces para investigar sobre temas de España desde Suiza?

R: He tenido la fortuna de que una parte de la documentación sobre la que se han construido ambas historias estaba digitalizada. Con Las semillas del silencio (Kailas, 2023), visité el archivo regional de la Comunidad de Madrid y las pistas me llevaron al archivo de Villa y al de la archidiócesis de Madrid. Investigaba a la par que escribía. En el caso de Demasiado ayer (Kailas, 2025), pude encontrar todos los documentos digitalizados, lo cual fue una enorme ventaja para contar con la base documental antes de lanzarme a escribir. 

Soraya Romero Hernández durante una charla sobre su novela en el Círculo de Bellas Artes de Madrid
Soraya Romero Hernández charla sobre su novela en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. ©J. Blanchard.

P: En una entrevista radiofónica afirmaste que tu última novela, Demasiado ayer, fusiona lo que ocurrió con lo que podría haber ocurrido. ¿Cómo decidiste hasta qué punto respetar la realidad histórica o dejar entrar a la imaginación? ¿Qué porcentaje de la novela es real y qué porcentaje es ficción?

R: Demasiado ayer es un 99% ficción. El 1% restante corresponde a dos hechos probados y utilizados para dar forma al resto de la novela: un fusilamiento durante la guerra civil española y una sentencia judicial por un delito de lesiones cometido por mi bisabuelo. El contenido documental que representa ese 1% era lo suficientemente potente como para convertirse en un cimiento sólido sobre el que empezar a construir esta novela coral, que opera casi como una tela de araña: todos los personajes están conectados a través del trauma del protagonista sin que ninguno sea consciente de ello.

P: Escribir una historia con saltos temporales y geográficos (España, Portugal, México), como sucede en Demasiado ayer, es un reto. ¿Visitaste personalmente esos lugares?  

R: Las geografías de Demasiado ayer se nutren de una mirada propia pero también de la mirada y los testimonios de otros. Yo nací en 1983 y el Madrid que se refleja es un Madrid que yo viví como niña, pero del que aún resuenan muchos ecos y recuerdos personales: los años posteriores a la transición, la movida madrileña, los “cundas” o taxis de la droga en plena explosión del consumo de heroína en España o la famosa ruta del bakalao, con las peregrinaciones desde Madrid a Valencia los fines de semana. En el caso de México, un viaje que se planificó como vacaciones acabó siendo un viaje de campo para retratar la vida en las minas de los años 40 y 50 del siglo pasado. El reto de los saltos temporales responde de alguna manera a la vida real: muchas veces, recordando anécdotas con amigos y familiares, alternamos épocas, avanzando y retrocediendo en el relato como si lo volviésemos a vivir y conectando intrahistorias dentro de la historia principal. No somos lineales y no quería que este relato lo fuera. 

P: Dice la sinopsis de la novela que su protagonista, Nicomedes, “está muerto, pero aún respira”. ¿Es una alusión a que las heridas del pasado no están cerradas en España?  

R: Nicomedes representa a esa población, sin importar el lugar ni la época, obligada a vivir con la certeza de estar heridos de muerte por dentro. Esta no es una novela sobre la guerra civil pero sí aborda el trauma generacional. Hablamos de aquellas personas que han sobrevivido a algo tan traumático como una guerra y que siguen caminando entre nosotros, nutriendo la memoria social con el relato de lo que vivieron, pero que no han logrado sanar la herida porque el miedo y el silencio sistémico no lo han permitido. Han pasado cincuenta años desde la muerte del dictador Franco y por unos o por otros, la casa sigue sin barrer. Demasiado ayer solo es una pieza más que se puede añadir al inmenso e inacabado puzle de la memoria histórica y democrática de España. 

P: Nicomedes deja tras de sí un reguero de violencia. ¿Fue muy complicado reflejar ese trauma en su familia (y en su descendencia) sin caer únicamente en lo oscuro, sino mostrando también la humanidad del personaje? Porque a pesar de todo, Nicomedes es un personaje muy humano… 

R: Mary Shelley, la autora de Frankenstein, decía que los monstruos no nacen, son moldeados por las circunstancias y por las heridas del mundo que les rodea. A todos nos habita la oscuridad, solo tienen que confluir los factores espaciotemporales para que esa oscuridad emerja. Para mí era muy importante mostrar la negrura que persigue a Nicomedes, que es esa manzana que pudre el cesto pero que no se golpea sola, pero también su otra verdad, que es la de una persona a la que la vida no le ha dado tregua ni espacio para la reflexión, es un superviviente, en el más amplio sentido de la palabra. La epigenética nos está demostrando que, al margen de misticismos, el trauma deja marcas químicas en nuestros genes, alterando su expresión, y que ese trauma puede transmitirse físicamente a nuestros descendientes. Este abordaje científico me ayudó a construir la oscuridad que persigue a los personajes que emanan de la semilla de Nicomedes, pero que necesitan completar su propia historia desde la esperanza y desde el propio pulso de la vida. 

P: En tu anterior novela, el silencio sobrevuela toda la historia, por un lado, como secreto familiar y por otro como la ausencia de voz de los más vulnerables. ¿Crees que con Demasiado ayer das voz a algo más profundo, que puede ser incluso parte de una reparación simbólica?

R: Reparar significa arreglar algo que está roto o estropeado, enmendarlo, remediarlo. Antes de pasar por el simbolismo, la reparación debe ejecutarse como la realidad que es. Para que podamos sanar hay que limpiar la herida, desinfectarla y luego permitir que cicatrice. Saltarse uno de estos pasos implica que el proceso no se complete y, por lo tanto, que la herida continúe supurando.

Portada de la novela Demasiado ayer de Soraya Romero Hernández (Kailas, 2025)
Portada de Demasiado ayer (Kailas, 2025).

P: En tus novelas, las mujeres son bien protagonistas, bien personajes determinantes en el desarrollo y desenlace de la trama. Estamos viviendo una revelación del verdadero papel de la mujer en la historia, silenciado durante mucho tiempo. Esos personajes femeninos fuertes, ¿son tu contribución a la causa, tu granito de arena?

R: La mujer lleva siglos de desventaja en su rol histórico y cívico, no por dejación, sino por ese pacto sistémico de silencio que, convenientemente, nos etiquetaba como ángel del hogar y protectora de la familia. Lo que no se nombra no existe, por eso yo necesito nombrarlas, por la invisibilidad a la que generaciones, como la de mi madre, han estado condenadas. Retratar lo introspectivo, que es donde cada una se puede ver reflejada, es lo que logra que, al final, algo resuene con lo colectivo.

P: Tu estilo de escritura es muy introspectivo en ambas novelas. Sin embargo, tu voz como narradora es distinta cuando cuentas la historia de tu bisabuela Gerónima en Las semillas del silencio o cuando cuentas la de tu bisabuelo Nicomedes en Demasiado ayer. ¿Lo hiciste para que la gente las viera como novelas independientes, y no como dos partes de una historia familiar?

R: No hubo una intención preconcebida de darle otra voz a Demasiado ayer. Creo que el hecho de saltar de siglo, además de abordar una temática muy distinta, dio lugar a otra voz narrativa de manera natural. Una lectora reseñó Demasiado ayer al poco de su lanzamiento y dijo que la autora jugaba con el lector y lo retaba a encontrar las conexiones, y es cierto. Ha habido un deseo de regalar al lector una experiencia de lectura plena, atenta, a través de palabras clave y de pistas que, durante los tres primeros capítulos, le apelan para conectar quién es quién, hasta que de repente todo encaja. La lista de reproducción musical que acompaña los tres actos que estructuran la novela (tituladas “Polvo”, “Lodo” y “Cieno”) está organizada para sostener cada una de las partes e intensificar o moderar las emociones que transitan los propios personajes, con la intención de que el lector también las transite.

P: Siguiendo con el estilo, ¿tu experiencia como periodista y locutora de radio influye en tu estilo narrativo?

R: Mi lado periodístico hace que crea en la concisión, el menos es más que a veces hay que perseguir cuando uno tiene un número de caracteres limitados para contar algo, y esa concisión impregna ambas novelas. Para mí es un reto, y a la vez algo casi lúdico, pensar en cómo puedo condensar la esencia de un capítulo en un párrafo de cinco o seis líneas. Obligo a mi cerebro a exigirse más con menos recursos, aunque buscando la misma o mejor calidad. E imagino que me lo debe recompensar con dopamina, porque lo disfruto muchísimo. 

P: Demasiado ayer aborda también la migración (de España a México), el exilio y el desarraigo. ¿Qué te interesa especialmente de ese viaje geográfico y emocional, siendo tú misma emigrante de España e inmigrante en Suiza?

R: A mí la migración me ha reconectado con la escritura, por eso en Demasiado ayer se muestran dos procesos migratorios: el del exilio de Nicomedes, un exilio no elegido pero que encarna las segundas oportunidades que a veces nos da la vida, y el de Galatea, que abandona México con la esperanza de labrarse un futuro mejor en Madrid, después de sufrir sus propios avatares de la vida. Esa frase del poeta mexicano José Emilio Pacheco que dice “el que se va nunca vuelve, aunque regrese” es casi un credo para mí, y me interesa reflejar esa premisa en unos personajes que nacen adultos en otro lugar, huyendo de unas circunstancias desdichadas y movidos, como en el caso de Galatea, por la incertidumbre, la ilusión y el esfuerzo, que creo que son las características principales que acompañan a todo el que da el salto de migrar. 

P: Para muchos lectores, Las semillas del silencio fue un descubrimiento poderoso por recuperar una historia familiar casi olvidada que a su vez es la historia de muchas personas. ¿Cómo has vivido el éxito de tu primera novela, que ya va por la octava edición, y cómo te marcó ese éxito al escribir la segunda?

R: Nunca imaginé que Las semillas del silencio pudiera tener el recorrido y el impacto que ha tenido y que sigue teniendo. Cuando terminé el libro, en 2022, era una autora novel con una única certeza: si no lograba publicarlo con una editorial lo publicaría yo misma, porque era un regalo que quería hacer a mi familia. Dos años después estamos a las puertas de la octava edición en un mercado hipersaturado de títulos en los que la novedad no dura más de una semana. Cuando algo así sucede, te enfrentas con mucho más respeto y presión al segundo, para tratar de estar a la altura de la confianza que te han dado los lectores. 

P: Y tras esta lidia tremenda con tu historia familiar tan cruda, ¿cómo te sientes con tu propia herencia emocional? 

R: La escritura de ambas novelas ha operado como un proceso propio de sanación de unas heridas que ni siquiera era consciente de que existieran en mi familia cinco años atrás.

P: ¿Qué les dirías a tu bisabuelo Nicomedes o a tu bisabuela Gerónima si pudieras enviarles un mensaje?

R: Les daría las gracias, porque para que yo sea ellos tuvieron que ser, con todas esas luces y sombras que los acompañaron, y porque su dolor y el silencio que acompañó a ese dolor se ha roto para siempre. 

Retrato de apertura de la escritora Soraya Romero Hernández en Berna
Retrato de Soraya Romero Hernández al inicio de la entrevista. ©Javier Aparicio.

P: ¿Qué esperas que se lleven los lectores al cerrar Demasiado ayer

R: Creo que el dolor, si logra colocarse y entenderse, puede transformarse en algo que nos ayude a transitar la vida con otra mirada, una más serena, y quizá ese es uno de los mensajes que me gustaría que se llevasen los lectores.

Más información sobre la autora y su obra: https://sorayaromero.com

Soraya Romero presentará su novela Demasiado ayer en la librería Ibercultura de Lucerna el próximo sábado 29 de noviembre de 2025 a las 16:30h.


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