Suiza busca adaptar su política de neutralidad a una Europa convulsa y propone aumentar su autosuficiencia alimentaria
Inscribir una neutralidad permanente y armada en la Constitución, reducir la cooperación con alianzas económicas y militares, son los principales objetivos de la iniciativa de la Neutralidad que se votará el 27 de septiembre de 2026 en el país neutral por excelencia. En la misma papeleta, una propuesta para elevar la autosuficiencia alimentaria del país del 50 % actual al 70 %, transformando radicalmente su modelo agrícola.
En la mañana del 11 de abril de 2024, el Comité de la Iniciativa Popular Federal “Salvaguardar la neutralidad suiza” presentaba en la Cancillería Federal en Berna, las cajas de cartón que contenían las 132.780 firmas certificadas, con las que sus promotores daban el paso decisivo para impulsar la Iniciativa sobre Neutralidad. Posteriormente, tras la verificación oficial quedarían 129.806 firmas válidas.
Como representantes del comité hacían acto de presencia personalidades de la vida política vinculadas a la derecha conservadora del Partido Popular Suizo, Unión Democrática de Centro (UDC/SVP) como Christoph Blocher, principal artífice de la Iniciativa, Walter Wobmann y Hans-Ueli Vogt, antiguos consejeros del Partido Popular; Pierre-André Page, consejero nacional de UDC por Friburgo y Stephan Rietiker, presidente de Pro Schweiz, (Pro Suiza), asociación que defiende una Suiza independiente, soberana y estrictamente neutral, heredera de la conservadora “Acción por una Suiza Independiente y Neutral” (ASIN), y de organizaciones contrarias al acercamiento a la Unión Europea.

La propuesta cuenta con el apoyo de sectores de la izquierda pacifista y antimilitarista como el Partido Suizo del Trabajo y el Comité Pacifista Internacionalista por la neutralidad, quienes abogan por un estatus que contribuya a fomentar el diálogo, la diplomacia y la resolución pacífica de conflictos.
El detonante
La propuesta, lanzada unos meses después del ataque ruso a Ucrania, surgió como reacción a la decisión del Consejo Federal de asumir buena parte de las sanciones de la UE contra Rusia, sanciones que incluyen medidas financieras, congelación de activos, y limitaciones a la importación y exportación. En represalia a esta decisión Rusia añadió a Suiza a la lista de “países hostiles”.
Blocher calificaba las sanciones económicas como “instrumentos de guerra”: “Suiza no debe imponer sanciones económicas a ningún Estado; de lo contrario se convierte en parte beligerante y deja de ser digna de confianza como mediadora”. Los defensores de la iniciativa consideran estas medidas incompatibles con la tradicional política de neutralidad del país. W. Wobmann resaltó que la finalidad de la iniciativa es conservar una Suiza íntegramente neutral y armada, a fin de proteger al país de las guerras y garantizar su independencia.
Por su parte el Gobierno Federal, a través de su entonces presidente Ignazio Cassis, justificaba su posicionamiento frente a Rusia argumentando que la neutralidad militar no obliga a Suiza a ser indiferente ante una agresión o una violación del derecho internacional. El Departamento de Asuntos Exteriores insistía en dejar claro que el país estaba “del lado del derecho, y contra la injusticia, del lado de la humanidad y contra la barbarie”. Y añadía que esta forma de actuar era compatible con la neutralidad.
Qué cambiaría si gana el SÍ
La iniciativa ”Por una neutralidad suiza segura» prevé incluir en la Constitución el artículo 54 que defina la neutralidad de forma más restrictiva. Entre todos los apartados que contiene, sólo tres marcarían un cambio significativo respecto a la política vigente de neutralidad y de política exterior suiza. Serían los referentes a:
- Añadir una definición de la neutralidad como “permanente y armada”. En el presente no hay ninguna definición en la “Carta Magna”, la neutralidad está bajo la responsabilidad del Gobierno y del Parlamento, quienes deben adoptar medidas para preservar dicho estatus. La iniciativa, de aprobarse, restringiría el margen de actuación del Consejo Federal ante situaciones cambiantes.
- La colaboración con alianzas militares solo estaría permitida en caso de agresión militar directa contra Suiza o en caso de actos preparatorios con vistas a una agresión similar. Con este apartado Suiza se vería obligada a restringir su cooperación actual con la OTAN, con diferentes asociaciones como “la Asociación por la Paz” (desde 1996), la participación en el “Consejo de Asociación Euroatlántico”, (desde 1997), o en el “Programa de Asociación adaptado Individualmente” que establece los objetivos de cooperación entre Suiza y la OTAN, con una duración de cuatro años y no jurídicamente vinculante. La iniciativa permitiría participar en organizaciones como la OTAN solo en caso de guerra.
- Suiza no podría imponer sanciones contra Estados beligerantes, salvo las sanciones aprobadas por la ONU; impediría que el país adoptara sanciones a Estados que estén en guerra.
Los opositores
El Gobierno recomienda a los ciudadanos votar NO a la Iniciativa ”Salvar la neutralidad suiza” al considerarla demasiado rígida, argumentando que limitaría la capacidad del país para reaccionar y defender sus intereses, especialmente en relación a su política exterior.
Se oponen a la propuesta de la UDC, el resto de las principales fuerzas parlamentarias: socialistas, liberales radicales, verdes y verdes liberales, así como la mayoría de “El Centro” partido democristiano, de centro derecha.
Cómo nació la neutralidad suiza
Hoy en día la neutralidad suiza responde a una decisión soberana del país y puede ser revocada si así lo decide el pueblo, pero no siempre fue así, surgió siglos atrás ante la necesidad de seguridad por parte de las potencias europeas de conformar un Estado tapón en los Alpes entre Austria y Francia, como parte de una estrategia de equilibrio.
Muchas referencias históricas apuntan al año 1516 como el comienzo de la neutralidad, un año después de la batalla de Marignano, última participación de la Confederación en un escenario bélico, que finalizó con la derrota de los suizos ante el ejército francés.
En esta fecha Suiza firmó el tratado de la “Paz Perpetua con Francisco I”, por el que se acordaba entre otros puntos, la creación de un tribunal de arbitraje para resolver los litigios por vías pacíficas sin recurrir a las armas. El tratado de Paz de Westfalia de 1648, firmado para poner fin a la guerra de los Treinta años es otro de los hitos que conformaron tanto la independencia como la neutralidad de la Confederación suiza en el ámbito internacional.
Pero fue en 1815, en el Congreso de Viena, donde la neutralidad suiza fue restaurada y reconocida internacionalmente de forma oficial. En el “Tratado de París”, Austria, Gran Bretaña, Prusia y Rusia, se comprometieron a respetar la voluntad suiza de no participar en futuros conflictos militares, al mismo tiempo que garantizaban su integridad territorial. Para los países vecinos esta condición estaba en el interés mutuo de la región.

Derecho internacional
En 1907, los Convenios de La Haya codificaron los derechos y las obligaciones de los países neutrales, desde entonces y pese a lo que ha evolucionado el mundo, este elemento del derecho internacional ha permanecido sin cambios.
El tratado establece cómo debe actuar un Estado neutral en caso de guerra. En la convención se especifica que no puede tomar parte en conflicto armado alguno, ni puede favorecer en lo militar a ninguna de las partes beligerantes. Los territorios neutrales deben ser inviolables, y tienen el derecho a resistir incluso por la fuerza los intentos de violar su neutralidad.
Actualmente, el estatus neutral del país (ratificado por la Confederación en 1910) se fundamenta jurídicamente en este acuerdo; y aunque las bases del derecho son claras, existe un margen de maniobra amplio ante un conflicto bélico en el que es posible posicionarse, en lo que se denomina “política de neutralidad”, aplicando por ejemplo sanciones económicas o tomando posiciones políticas.
Sacha Zala, profesor especializado en historia internacional y diplomacia señalaba la distinción entre el muy sucinto derecho de la neutralidad y la política de neutralidad, distinción que permite a los países neutrales un amplio margen de maniobra, hasta hacer “básicamente lo que quieran”.
Exportación de armas
Acorde con el deber de un Estado neutral de defender la inviolabilidad de su territorio, Suiza se ve obligada a dotarse de medios para defenderse militarmente de cualquier eventual ataque, por lo que hasta el día de hoy mantiene un ejército fuerte y equipado, basado en el “sistema de milicias”, esto es, el servicio militar obligatorio para los hombres, (voluntario para las mujeres) que junto con los profesionales militares suman alrededor de 150.000 efectivos, que pueden ser movilizados muy rápidamente.
Al factor humano se une una floreciente y potente industria armamentística, que abastece al Ejército y convierte a Suiza en un importante proveedor de armamento en contextos de conflicto bélico.
Desde el comienzo de la guerra de Ucrania y con la creciente demanda exterior de material bélico para defender su soberanía, se viene generando en el país un intenso debate político, social y jurídico en torno a la exportación y reexportación de material de guerra de origen suizo. La “Ley Federal sobre el Material de Guerra” prohíbe la reexportación de armas suizas a terceros países si el país destinatario está implicado en un conflicto armado interno o internacional.
En 2022, tras el inicio de la guerra a las puertas de Europa, Berna, en aplicación a la Ley de Material de Guerra, denegó a varios países europeos como Alemania, Dinamarca y España su autorización para trasladar hasta Ucrania material adquirido a la industria helvética. Como respuesta a estas “molestas restricciones” Alemania excluyó a los fabricantes suizos de la licitación de un gran pedido de equipo militar, Países Bajos y Dinamarca dejaron de comprar armamento suizo porque no tenían libertad para reexportar. La por entonces ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, calificaba las restricciones del país neutral como una forma de tomar partido por el Estado agresor. Desde el Parlamento europeo, también criticaron expresamente estas restricciones y pedían al Gobierno suizo que aprobara el reabastecimiento de armas a Ucrania.
A las críticas y desplantes de los vecinos europeos se sumaban en el ámbito interno las protestas de la industria armamentística. Desde Swissmem, asociación que representa a la industria tecnológica y de defensa suiza, se advertía de que la pérdida de clientes europeos estaba poniendo en dificultades a las empresas del sector. Los empresarios del sector armamentístico manifestaban su temor de que la industria perdiera competitividad y quedara excluida de las cadenas europeas de suministro militar. En su portal, Swissmem sostenía que la industria del armamento necesita acceder a los mercados exteriores, ya que el mercado interno no es suficiente para garantizar su supervivencia.
Ante las peticiones de sus vecinos europeos y las presiones internas, Suiza se ha visto obligada a reinterpretar el significado de su neutralidad y su papel en la actual configuración geopolítica. En diciembre de 2025 el Parlamento aprobó una modificación de la “Ley Federal sobre Material de Guerra”, que flexibiliza las normas de exportación de material bélico a 25 países con valores democráticos similares y elimina parte de las restricciones que impedían a los países compradores reexportar a terceros Estados. La entrada en vigor de la reforma queda pendiente de la decisión del Consejo Federal y del proceso del referéndum.
El 29 de noviembre de 2026 la “Ley sobre Material de Guerra” será sometida a referéndum en medio de un encendido debate sobre si estas modificaciones son compatibles con la política de neutralidad de Suiza, su tradición humanitaria y mediadora en conflictos internacionales.
Por una seguridad alimentaria
La segunda propuesta, impulsada por la activista medioambiental Franziska Herren y la asociación “Agua limpia para todos”, plantea la necesidad de reducir la dependencia frente al exterior, poniendo de relieve la importancia de la sostenibilidad, la protección del medio ambiente y la creación de unas condiciones básicas para una subsistencia futura. Critican entre otras situaciones, que una parte importante de las tierras agrícolas suizas se destinen a producir alimentos para animales, pudiendo utilizarse para producir alimentos vegetales destinados al consumo humano. También denuncian que la agricultura intensiva está comprometiendo la calidad del agua, por la presencia de pesticidas y fertilizantes en las aguas subterráneas.
El objetivo principal de la iniciativa “Por una seguridad alimentaria: mediante una mayor producción nacional sostenible, más alimentos de origen vegetal y agua potable limpia”, es elevar el autoabastecimiento alimentario neto de Suiza desde aproximadamente el 50 % actual hasta un mínimo del 70 % en un plazo de diez años. Para lograrlo, la iniciativa exige una transición hacia una agricultura orientada a los alimentos de origen vegetal destinados al consumo humano directo. Esto implicaría:
- Reducir drásticamente el cultivo y la importación de forraje para el ganado.
- Liberar tierras para el consumo humano.
- Proteger las aguas subterráneas. Disponer de agua potable limpia.
- Combatir el desperdicio de alimentos.
- Una agricultura sostenible y respetuosa con el clima
Al igual que con la anterior iniciativa de neutralidad, el Consejo Federal, el Parlamento y la asociación mayoritaria de agricultores recomiendan votar NO, al considerar que el objetivo del 70 % es poco realista y limitaría en exceso al sector. En su opinión, la seguridad alimentaria debe lograrse combinando la producción nacional, la importación, y la protección de recursos naturales, sin establecer objetivos rígidos de producción interna.

Franziska Herren, 59 años, es una activista ambiental bernesa conocida principalmente por su salto a la política al impulsar la iniciativa popular por un agua potable limpia, que lanzó en 2017. La iniciativa proponía vincular las ayudas agrícolas al cumplimiento de determinados requisitos medioambientales, especialmente en relación con los pesticidas y antibióticos utilizados en actividades agrícolas y ganaderas. Sometida a votación en el 2021, fue rechazada por el 60 % de los votantes.
Herren manifestó entonces su satisfacción por el apoyo a la propuesta del casi 40 % del electorado y por haber logrado introducir “el debate medioambiental y agrícola en la agenda política”.
Descubre más desde Noticias Suiza
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
