Suiza, modelo y vanguardia de la democracia participativa

«Los suizos, campeones del mundo de las urnas», así califica Olivier Pauchard -especialista en política federal- a los ciudadanos suizos, “quienes acuden a las urnas más a menudo que en cualquier otro país del mundo”.

Esta práctica política se canaliza a través de los referéndums y las iniciativas populares vinculantes, los dos instrumentos definitivos de la democracia directa, que marcan en buena medida la política del Ejecutivo. Los referéndums se suelen distribuir en cuatro domingos al año (marzo, junio, septiembre y noviembre), pudiendo votar cada domingo sobre temas federales, cantonales y comunales.

Más de un tercio de todos los referendos realizados a nivel nacional en todo el mundo han tenido lugar en Suiza, país que según afirma el politólogo, representa el “patrón de oro de la democracia directa”.

El contenido de las votaciones puede abarcar desde temas con un gran impacto en la sociedad, la política y la economía, así como problemas aparentemente menos decisivos como son: el cambio de hora, la compra de obras de arte, los cuernos de vacas y cabras.

La proyección de un individuo

La iniciativa popular conlleva que cada ciudadano tiene la opción de someter a votación popular cualquier cuestión, por insignificante, extravagante, revolucionaria que sea, si el texto es validado por los organismos competentes y aceptado por el pueblo soberano, entrará en vigor.

En 2015, un ganadero grisón de la montaña, Amin Capaul ,logró lanzar prácticamente solo una iniciativa popular para dejar intactos los cuernos de vacas y cabras (hoy solamente el 10% de las vacas suizas conservan sus cuernos). Invirtió gran parte de su patrimonio y su caja de pensiones, y consiguió las 100.000 firmas necesarias para que la propuesta se pudiera someter al veredicto de las urnas. A pesar de la hazaña, finalmente ganó el NO de forma apretada, con el 54% de los votos, por lo que la mayoría de las vacas no tendrán cuernos .

A diferencia de los países con democracias representativas, en Suiza la ciudadanía tiene la última palabra sobre los cambios en la Constitución. También pueden impugnar cualquier ley aprobada por el Parlamento con la recogida de 50.000 firmas de personas con derecho a voto , que deben ser presentadas a la Cancillería Federal dentro de los 100 días posteriores a la publicación de la ley impugnada.

Un poco de historia

Buena parte de la ciudadanía suiza cuenta con una larga experiencia con las instituciones públicas. Olivier Mewly en su libro “Una historia política de la democracia directa en Suiza”, documenta la lenta evolución hacia el sistema de democracia directa en Suiza tal y como lo conocemos, “ no cayó de improviso sobre la cabeza de los suizos, es fruto de una historia múltiple y compleja”, este sistema, afirma, “está relacionado con un contexto muy suizo en el que sobresalen el federalismo, la cultura del diálogo y el sentido del consenso”; el factor educacional es pues decisivo y está muy arraigado en el país. D Altman describe al pueblo suizo como maduro, lúcido y con una larga experiencia en las instituciones públicas.

El Referéndum, tal y como lo conocemos hoy, fue importado de la Revolución Francesa (1792) donde no prosperó. Sí lo hizo en el pequeño país vecino pocos años después, donde se fue introduciendo este derecho de los ciudadanos en las constituciones, primero en los cantones, después en todos los ámbitos de gobierno nacional y comunal.

El Referéndum se incorporó a la Constitución Federal en 1874 como control a las leyes parlamentarias y seis años después se añade el derecho a las iniciativas constitucionales populares.

Pero para algunos estudiosos y desde una visión más romántica, el auténtico origen de la Democracia directa está en la Landsgemeinde, (Asamblea Popular) que todavía subsiste desde la Edad Media. En algunas comunidades pequeñas de los cantones de Apenzell y Glaris se mantiene hoy en día esta forma de participación ciudadana en la que una vez al año, miles de votantes se reúnen al aire libre para discutir sobre los temas y votar. Todavía levantan la mano y así se evalúa si existe mayoría. Si se da el caso de un aparente empate se da paso el escrutinio de los votos.

Hansjörg Keller

Votaciones in crescendo

La cifra récord de 700 votaciones nacionales que han tenido lugar en el país helvético desde 1848, ilustra la intensidad con la que la población utiliza estos instrumentos democráticos para conducir el país y comunidades, constatando que progresivamente y desde la década de 1970, los temas que se someten a votación han ido aumentando de manera significativa. De las aproximadamente 700 votaciones registradas, 455 son iniciativas populares (o ciudadanas) y unos 240 referéndums. Aquí se incluye un gran número de proyectos que no prosperaron al no contar con el apoyo de la mayoría, como el celebrado para que sonaran menos campanadas a todas horas; los domingos sin coches; o el rechazo a la iniciativa popular para instaurar una renta básica universal sin trabajar. Quedan fuera de cómputo los numerosísimos intentos que no se materializaron al no conseguir recoger las firmas necesarias.

En la actualidad es posible votar unas semanas antes del día de la votación, así más del 90 % de todos los votos se emiten por correo o a través de internet, lo que agiliza la participación de los ciudadanos y el recuento de los votos, es por esto que las urna permanecen abiertas y semivacías el día de las votaciones. 

Voces críticas 

Las críticas que más abundan al sistema que nos ocupa se refieren a la lentitud, los altos costes y a la gran cantidad de escrutinios que se generan, lo que produce cansancio y apatía en buena parte de la población afirman, los expertos.

Suiza manda un cuadernillo rojo cada vez que hay una votación, donde aparece información resumida sobre las iniciativas, pero las encuestas revelan que pocos lo leen, y que casi no hay discusiones abiertas sobre los temas. De esta manera parte de los votantes no están suficientemente informados y votan sobre cuestiones importantes, basándose en emociones sin tener los conocimientos suficientes de economía o de otros asuntos para tomar la decisión.

Por otra parte, David Altman, profesor de Ciencia Política de la Pontificia Universidad de Chile, nos descubre que el lado oscuro del sistema “se da cuando algunos grupos la instrumentalizan para imponer su propia agenda dejando en muchas ocasiones a las minorías indefensas”, de ahí que Los Verdes, “considerando que en Suiza se está generando un exceso de democracia proponen restringir un poco la democracia directa, un poquito, no más, argumentando que las iniciativas que tocan a los derechos fundamentales no pueden ser sometidos a consulta popular”.

¿Es exportable la democracia directa a otros países? 

Mientras el derecho a la participación política se encuentra recogida en el artículo 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos”, en el sentir de la población de muchos países se mantiene la denuncia sostenida de la desconexión entre políticos e instituciones, por un lado, y el pueblo por el otro; así mismo, la necesidad de una intervención directa de los ciudadanos en la toma de decisiones. 

Ante la tendencia mundial hacia una democracia más directa D. Altman señala que Suiza sirve como modelo una y otra vez, y que su experiencia es usada como referencia en los países que cada vez hacen más uso de estas herramientas.

En el caso de que se quisiera implantar en España “habría que hacerlo teniendo en cuenta los errores que otros han cometido”. Tal y como señala el abogado suizo -español Daniel Ordaz, autor de varios libros sobre democracia directa en España. “Lo que no se puede hacer es coger la Constitución suiza y donde pone Zúrich tacharlo y poner Albacete; Los suizos tienen decenas y decenas de años de tradición en democracia directa y nosotros empezamos en 1978 con la representativa”. 

“Hay una especie de falta de autoestima que hace que muchos europeos (como en el caso español) crean que este sistema no puede ser para ellos. Lo cierto es que la democracia directa es la solución potencial a la mayoría de los problemas del mundo y es perfectamente ‘exportable’ a toda Europa”, señala este activista político de la democracia directa, y militante del partido socialdemócrata suizo. Quien perpetúa el mensaje de necesidad de que en todos los países de democracias occidentales hay que involucrar más a la sociedad en la toma de decisiones: “es imprescindible introducir mecanismos de control democráticos permanentes y la participación ciudadana vinculante; que desde la sociedad civil se puedan lanzar iniciativas populares que el parlamento esté obligado a tramitar y someter a votación popular… y a la vez que los ciudadanos puedan solicitar votación popular sobre decretos o leyes que aprueban los parlamentos y no compartan una parte de la sociedad civil».