La crisis afecta a los productos bío

Debido a la guerra en Ucrania y a la escasez de cosechas de cereales suizos del 2021, la organización Bio Suisse ha decidido rebajar sus estándares ecológicos mediante unas regulaciones especiales que entraron en vigor el 1 de abril.

Cambios en el etiquetado

Bio Suisse, una organización privada encargada de establecer estándares agrícolas y de procedimiento para productos etiquetados como orgánicos, ha autorizado en sus productos etiquetados “BIO SUISSE” el aumento del 20% de contenido de trigo europeo. De esta manera, se prescinde de la anterior exigencia de incluir en sus productos un 10% del trigo europeo y el 90% de materias primas de Suiza. Esta nueva directriz equivale, de hecho, a que en un paquete de un kilo de harina orgánica del país pueda haber hasta 200 gramos de harina orgánica procedente de la Unión Europea.

Foto por Vugar Ahmadov

Estas medida, que estará vigente hasta agosto de 2022, no parece contentar a todos, especialmente al colectivo del sector agrícola. Según François Erard, director de AgriGenève -la organización de los agricultores de Ginebra-, el cambio podría afectar a la calidad de los productos suizos así como al prestigio de la etiqueta Bio Suisse, ya que estos productos deben producirse de forma local, minimizando el transporte y respetando los estándares medioambientales que defiende este etiquetado.

François Erard indica además que con esta medida ”se está retirando trigo de un mercado europeo, y por cascada a otros países que tienen una gran necesidad ante la actual escasez de cereales con el fin de beneficiar al mercado en Suiza”.

No obstante, desde Bio Suisse especifican que la etiqueta mencionará en todo momento el origen de los cereales y que el consumidor no notará apenas diferencia en cuanto a la calidad, ya que se utilizarán cereales orgánicos provenientes principalmente de Austria y se importarán por tierra y no por aire, como se exige a todos los productos que se incluyen bajo este distintivo.

Otro cambio introducido y que estará vigente durante todo el año es el aumento en el porcentaje del 15% de las semillas de colza, lino y girasol para la alimentación de animales que provienen de la importación de cultivos orgánicos europeos. En cuanto a las semillas de soja, el porcentaje admitido sube hasta el 40%. En relación a las explotaciones avícolas, se reduce el requerimiento de piensos ecológicos del 100% anterior al 95% en la actualidad.

Por su parte, Pascal Olivier, responsable de Bio Suisse en la Suiza francesa, recuerda que esta medida no es excepcional ya que «Suiza es un importador neto de alimentos, y la agricultura ecológica no es una excepción. Creo que lo estamos haciendo un poco mejor que la agricultura convencional. Se calcula que un tercio de los alimentos ecológicos se importan del extranjero, frente a aproximadamente la mitad de las importaciones que se realizan en el sector convencional”.

Diferencias entre el etiquetado Bio Suisse y el europeo

El etiquetado Bio Suisse, aparte de ser una de las principales organizaciones de agricultura orgánica en Suiza, mantiene uno de los estándares orgánicos más estrictos del mundo. A modo de ejemplo, todas las explotaciones agrícolas deben gestionarse de forma ecológica para poder recibir esta etiqueta. Sin embargo, en Europa una misma finca o granja puede tener una parte de sus productos orgánicos y el resto ser cultivados o criados de forma tradicional.

En cuanto a los forrajes, la regla en Bio Suisse desde este año es que sólo el 5% de la dieta del ganado puede estar compuesta por alimentos concentrados, como cereales o soja, en contraste al estándar orgánico de la UE cuya proporción puede alcanzar el 40%. La Organización Suiza de Agricultura Orgánica también impone pautas más estrictas en relación al procesamiento de alimentos, como la prohibición de usar aditivos que desnaturalizan el producto y lo hagan menos auténtico.

El responsable de Bio Suisse para los medios, David Hermann, señala que el camino para crear un mundo más sostenible pasa por cambiar nuestros hábitos alimenticios y adoptar nuevas dietas: “menos productos de origen animal, o al menos que provengan de agricultura ecológica” y añade que “si no consumiéramos tantos productos animales, la necesidad de forraje sería menos importante y el problema menos dramático”. En este sentido, desde la Organización sugieren que debemos cambiar nuestros hábitos alimentarios si queremos importar menos en el futuro.

Amanecer en una granja suiza